sábado, 18 de septiembre de 2010

Un Ángel seductor en Ñaña

Un nuevo tour empezaba, con encantos y desencantos por descubrir.

Eran las 8:30 de la mañana y el despertador sonaba. La voz de su hermana resonaba en el cuarto: “Claudia despierta, se te hace tarde”. Ñaña era su preocupación, un nuevo reto no le permitía dormir un poco más. Los minutos pasaban y el clima cada vez se enfriaba. ¿Cómo se debía vestir? Fue su nuevo dilema. Llevó con ella: un chavito negro, una casaca turquesa, un pañuelo en el cuello y zapatillas; toda una deportista lista para salir a su nuevo destino: “Ñaña”. ¿Qué de novedoso se encontraría en ese lugar?, descubrirlo sería su más ansiado proyecto en un largo viaje del microbús conocido como el “Chosicano”.

Al pasar por el puente Iquitos, su mente recordó los robos que una vez fueron publicados en los diarios: “Asaltos como pan caliente en la 41”, aterrada miraba a cada pasajero del auto, ¿Sería uno de ellos un delincuente?¿Cómo reaccionaría o actuaría si le robarían? ¿Lloraría, gritaría o se desesperaría?, ¿Qué haría? Decidió tomarlo con calma, a fin de cuentas, Claudia iba en otra línea.

De camino hacia Ñaña se percató que más de un pasajero que iba en esta línea se olvidaba de la educación. Unos iban escuchando música, otros se hacían los dormidos, algunos enriquecían su lenguaje leyendo, mas ninguno cedía el asiento a las personas que lo necesitaban. La educación inculcada que recibió desde pequeña la llevó a dar el ejemplo. Las ventanas estaban cerradas y el olor se tornaba nauseabundo. Claudia se sentía algo mareada. ¿Podría abrir un poco la ventana, por favor? Una señora con cara de pocos amigos la miraba en ese momento. “Esto es tan típico durante el invierno”, se decía mientras miraba el paisaje borroso por la ventana. Los pasajeros no quieren abrir las ventanas, ya sea por frío, resfrió o porque van con niños pequeños; excusas tontas. ¿Acaso fue la única que percibió lo cargado que estaba el ambiente? Al perecer, sí fue así. Mientras ella apreciaba cada calle recorrida, se percató que algunas estaban más pobladas y más ruidosas que otras. En su mayoría invadidas por llamativas publicidades de "Cumbia" en las paredes, basura regada en las veredas, olor a orina, colaboradores al descuido de la ciudad y quien se unió gustosamente a esta campaña fue el chofer de la combi. Ella lo vio esputar más de seis veces y cada vez era más repugnante; sin embargo, Claudia no paró de ver sus gestos y reacciones. Seguro todos en la combi ya estaban acostumbrados a lo mismo, pensó. Después de observar tantos detalles desagradables fue momento de analizar esa melodía que a todos alegraba. La cobradora la tarareaba, los niños la bailan y hasta ella la cantaba: “Gózalo con Teresa, ¡Que buena que esta!”; entre risas y cantos se aproximaba a su destino.

Después de tanta distracción la cobradora vociferó: “Bajan en Ñaña, Ñaña”. El día estaba soleado. Confusa apreciaba el estacionamiento de los mototaxistas. Aturdida por el ruido del pito de un policía y rodeada de personas que le ofrecían vegetales a un precio muy cómodo, decidió seguir a sus instintos, preguntó cómo llegar a la Universidad la Unión, le recomendaron tomar un mototaxi, pues no estaba nada cerca como para ir caminando.

Al subirse en uno de ellos, entabló una plática con el chofer: “Ángel es mi nombre y tengo 26 años”, le dijo. él estaba vestido de manera sencilla, unas zapatillas Umbro, un jean claro y una polera ploma con azul. De pronto, un sonido interrumpió la amena conversación, Claudia iba atenta a cada uno de sus movimientos y quedó perpleja con el asombroso y tecnológico aparato que sacó. No fue una piedra preciosa, de eso estaba segura pero era de color rubí junto con la luminosidad del sol le daba aún más brillo y para darle un plus más, este es de último modelo. En la vida se hubiera imaginado que Ángel pudiera llevar con él, un “Blackberry Curve 8300”, dudas, preguntas y explicaciones pasaron por la mente de ésta ingenua pasajera, ¿Se gana tan bien mototaxiando? ¿Desde cuándo? Luego de unos minutos el chofer se voltea y le pregunta: “¿En qué nos quedamos?, ¡Ah sí!” respondiéndose a sí mismo, “También trabajo en la empresa “Global Alimentos”, soy el supervisor de ella, los fines de semana son mis días libres, por lo que yo prefiero tomarme el tiempo libre que tengo para hacer carreras en mototaxi, para serte sincero, "lo tomo como un hobby”. Al segundo, Claudia se comenzó a decir internamente ¿Debo creer eso? Tal vez sea cierto. “Aquí muchos son adventistas, ¿Sabías eso? Le preguntó a ella. La Universidad Unión es para Adventistas, aunque yo no lo soy, igual estudio en ella, le comentó. No existen restricciones, Es una regla "no impuesta”. Al regreso del tour le pidió a Claudia su número telefónico y le dijo que en cualquier ocasión no dude en llamarlo, estaría grato de recibirla en Ñaña y si era con amigas, mejor aún.

Ella, soprendida por tantas confesiones en menos de cuatro horas, sólo lo felicitó por estudiar y agradecerle por ser honesto y no aprovecharse del tiempo que pasó con ella, pues era la primera vez que conocía este lugar, no le hubiera gustado llevarse una mala imagen de aquí, le dijo al moderno chofer.

¿Quién sabe si Ángel le quiso robar a Claudia, si al agradecerle por el tour se arrepintió? ¿Le habría dicho la verdad?, fue muy ingenua al creerle todo. Al llegar a su casa contenta por lo ocurrido y al haberle contado todo lo anterior a su familia, entre risas solo comentaron:
“Claudia: Tú necesitas un poco más de calle y una cuota más de maldad”.

2 comentarios:

  1. callecita si pero maldad nu px! io t ayudo ;)

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  2. hahaha Gracias Josweeee :)
    Invito a que leas mis demás publicaciones

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